Correo de lectores

Carta abierta a la comunidad de Pergamino: una vergüenza que merece ser contada

Mala atención en el hospital local.
Mala atención en el hospital local.

Hoy fui al Hospital San José de Pergamino a retirar un estudio de mi madre y me encontré con una situación que realmente me indignó.
Había alrededor de ocho personas, entre hombres y mujeres, que supuestamente están allí para atender y brindar respuestas a los ciudadanos.

Cuando llegué, absolutamente todos me vieron, pero ninguno se dignó a atenderme. Continuaron en la suya, entre gritos, risas y bromas, entretenidos con un gatito que una de las empleadas tenía en brazos.

Después de más de 15 minutos de hacer como que no me veían, finalmente una de ellas decidió atenderme.

Me acerqué, dije «buen día» dos veces y la respuesta seguía siendo un «sí» a los gritos, porque mientras tanto el resto continuaba con sus risas y conversaciones. La señora ni siquiera lograba escucharme. Tuve que repetirle las cosas tres veces. Incluso le pregunté a la empleada que estaba al lado, que había sido una de las primeras en verme y tampoco se había dignado a atenderme.

¿En serio? ¿Esta es la manera de atender a la gente?

¿Estas personas cobran un sueldo por brindar este servicio?

¿Alguien entiende que del otro lado hay ciudadanos que necesitan respuestas? ¿Que puede haber un jubilado, una persona enferma, alguien desesperado por un resultado o un trabajador que tiene que pedir permiso en su trabajo para hacer un trámite? ¡Es una vergüenza!

Y lo que más bronca me da es saber cuánta gente capaz, inteligente, responsable y con verdaderas ganas de trabajar hay buscando una oportunidad.

Personas que no son hijas de nadie, que no tienen acomodos ni privilegios, que simplemente queremos salir adelante, trabajar, demostrar lo que valemos y tener la posibilidad de ser mejores cada día.

No se trata de pedir privilegios. Se trata de exigir respeto, compromiso y responsabilidad por el trabajo que cada uno ocupa.

El Hospital San José es una institución pública, sostenida también con el aporte de todos nosotros. La gente que se acerca merece ser atendida con respeto y dignidad.

Trabajar en atención al público no es solamente ocupar una silla y cobrar un sueldo. Es tener vocación, responsabilidad y, sobre todo, respeto por el otro.

Ojalá alguien tome este reclamo y entienda que estas situaciones no deberían naturalizarse.

Porque mientras algunos se toman el trabajo como una reunión de amigos, hay muchísima gente esperando una oportunidad para demostrar que sí tiene ganas de trabajar.

Gracias por leer.

 

Vanesa Mantuano, vecina de Pergamino

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