El rastreador GPS de un camión de encomiendas dejó de transmitir cerca de Puerto Iguazú alrededor de las 22.40 un martes de noviembre pasado. La empresa perdió contacto con el vehículo en algún punto de la Ruta 12, entre Wanda y las afueras de la ciudad, y recién tres horas más tarde la señal reapareció con el camión estacionado en un descampado a quince kilómetros de Brasil. Vacío. Adentro había habido electrónica, neumáticos, ropa deportiva, quizás cuarenta millones de pesos en mercadería según los cálculos del dueño. Al conductor lo interceptaron en un tramo medio desolado, un auto que lo venía siguiendo desde hacía rato se le puso adelante y cuando frenó aparecieron dos flacos con fierros que lo bajaron del camión sin decirle mucho. No vio ningún aparato raro, pero el técnico de la empresa de rastreo me dijo después que el patrón de corte de señal era inconfundible.
Contrabando en la Triple Frontera hay desde siempre, eso cualquiera lo sabe. Cigarrillos, electrónica, autopartes, lo que sea. Pero algo cambió en los últimos años y tiene que ver con la tecnología que usan las bandas. Los jammers que aparecen ahora en la zona no son esos aparatitos chinos de veinte dólares que se enchufan al encendedor. Son equipos de fabricación industrial, con capacidad para bloquear GPS, celular, 3G, 4G, y algunos hasta frecuencias de radio VHF. Me junté a tomar un café con un consultor de seguridad que trabaja con transportistas de Misiones, y el tipo me mostró fotos de un equipo que decomisaron cerca de Eldorado hace unos meses, una valija con ocho antenas y batería propia que según él podía anular señales en un radio de ciento cincuenta metros fácil.
A las empresas de transporte de la zona les pegan por dos lados. Por un lado está el tema del robo directo, que es constante aunque Prefectura, Gendarmería y la PSA hagan procedimientos todo el tiempo. El operativo de la PSA en Puerto Iguazú en enero fue uno gordo, 260 millones de pesos en mercadería trucha en un solo camión de encomiendas, pero no fue el único ni mucho menos porque esa misma semana cayeron otros dos o tres en la zona. Ahora, lo que de verdad preocupa a los encargados de flotas es el tema de la inhibición. Un jammer prendido al costado de la ruta y el camión se borra del mapa en segundos, el sistema de monitoreo no registra nada, ni alerta ni posición ni historial, como si el vehículo nunca hubiera salido del depósito.
Estuve hablando con un analista de GPSWOX que se dedica a procesar datos de flotas en varios países de la región, y me pasó unas cifras que dan para pensar. Según sus cálculos, algo así como cuatro de cada diez robos de carga en 2024 tuvieron inhibición de señal de por medio, aunque él mismo reconoce que la cifra real probablemente sea bastante más alta porque hay muchos casos que las empresas ni denuncian. Lo de México ya es otra cosa, allá el uso de jammers en robos de camiones está tan extendido que algunos hablan de un 85% de los casos. Acá en la Triple Frontera el tema tiene un giro adicional, porque los inhibidores no solo sirven para robar sino que las propias redes de contrabando los usan para que sus movimientos no queden registrados en ningún sistema de rastreo.
La tecnología para detectar cuando te están inhibiendo existe y se vende, no es ningún secreto ni ninguna novedad. Algunos cortan el motor apenas detectan interferencia, otros mandan una señal de emergencia por una frecuencia alternativa antes de que el bloqueo los tape completamente, y los más completos hacen las dos cosas y además activan una sirena. El tema es la plata. Un equipo de esos cuesta fácil cinco o diez veces más que un GPS común, y las pymes del transporte que operan en Misiones no tienen presupuesto para instalar eso en toda la flota. Entonces quedan expuestas.
En Argentina la venta de inhibidores está prohibida desde 2019 por una resolución del Ministerio de Seguridad y ENACOM, pero comprarlos sigue siendo bastante fácil si sabés dónde buscar. Cualquier fletero que haya cruzado a Ciudad del Este sabe que ahí se consigue de todo, y un jammer industrial no es la excepción. Te lo venden en locales que parecen casas de electrónica comunes, pagás en efectivo y volvés con el equipo en una bolsa. Los modelos chicos arrancan en cien dólares ponele, y los de potencia industrial pueden salir dos mil o tres mil, pero bueno, para organizaciones que facturan fortunas moviendo mercadería ilegal esos números son insignificantes.
Hablé largo con un tipo que coordina la logística de una empresa mediana que hace Posadas a Buenos Aires todas las semanas. Me contó que en 2024 les robaron dos camiones con el mismo método, GPS que se apaga de golpe, vehículo que aparece vacío dos días después en algún camino de tierra, y a partir de ahí cambiaron todo. Armaron puntos de control propios en el tramo misionero donde los choferes tienen que reportarse por radio, sumaron escoltas para las cargas más caras, y básicamente duplicaron los protocolos de comunicación. Le pregunté cuánto les costaba eso y me dijo que más o menos un 8% extra sobre el flete, plata que la mayoría de los clientes no quiere poner pero que ellos ahora exigen.
En Chile aprobaron en diciembre de 2024 una ley que penaliza el uso de jammers con prisión, y si la interferencia afecta a la navegación aérea o marítima las condenas pueden llegar a diez años. Del lado brasileño hay normas en los papeles pero en la práctica nadie las hace cumplir, y en Paraguay directamente no existe regulación seria sobre el tema. Las bandas que trabajan en la Triple Frontera conocen esas diferencias mejor que nadie y las explotan, mueven gente y equipos de un lado al otro de las fronteras según les convenga y las autoridades siempre van un paso atrás.
Los robos de camiones en Argentina durante 2024 y lo que va de 2025 se concentraron en alimentos, bebidas, materiales de construcción y electrónica. Todo eso tiene salida fácil en el mercado informal. Una carga de neumáticos que desaparece cerca de Oberá puede estar en un comercio del lado brasileño al día siguiente, y una vez que cruza la frontera olvidate de rastrear nada.
Hay fabricantes que ahora ofrecen rastreadores con sensores inerciales que calculan la posición del vehículo aunque el GPS esté bloqueado, usando acelerómetros y giroscopios. La tecnología avanza pero los delincuentes también se adaptan, y no hay ganador claro en esa carrera. Un técnico que instala sistemas anti jamming en el noreste argentino me dijo que la demanda se triplicó en los últimos dos años, pero también que muchos clientes no terminan de entender qué puede y qué no puede hacer el equipo. Un detector te avisa que hay un jammer activo, sí, pero si ya tenés dos tipos con armas parados al lado de la ventanilla en una ruta secundaria cerca de la frontera, esa alarma no te salva de mucho.